Parrilla Don Hugo o por qué amamos las parrillas de barrio

Hay dos cosas que hacen increíble a una parrilla de barrio:

1) El dueño. Esos personajes, casi caricaturas del argentino, peronistas de Perón y Evita, entradores en confianza al segundo intercambio de palabras, fanáticos de preguntarte varias veces mesa para cuántos querés, que disfrutan mucho ir armando la listita de espera y dejar pasar primero al amigo de la casa aunque cayó a cualquier hora, con poco pelo y pancitas bien marcadas a sus 53 años recién cumplidos, fanas de Boca o de San Lorenzo.

2) La relación precio calidad. Un tremendo vacío, la bondiolita, si tenés suerte una buena entraña, la infltable colita de cuadril, el chori mariposa, la provo en su punto justo, un Lopez Malbec acompañado del glorioso sifón de soda. Te pediste todo eso entre 4 o 5 y pagaron 130 / 150 mangos  cada uno (Primer trimestre 2015), lo mismo que pagás el cubierto y un chorizo en Miranda.

Yo les dejo un ejemplar típico de estas parrillas a la que nos encanta ir con mi amigo hebreo e incansable militante del trotskismo filokirchnerista Ale Staro: la parrilla Don Hugo, en Virrey Loreto 3499.

Ojo que no abre todas las noches de la semana, de miércoles a sábado seguro que sí. También perfecta para un domingo al mediodía.

Tiene El Sello

The following two tabs change content below.
Si tiene El Sello, se consume a ciegas.

Latest posts by Sebastián Wilner (see all)